Callejero por derecho propio

Un personaje muy nuestro, poco valorado como todos los artistas de nuestras calles. Por Sonia Barrenechea Arriola. 

La primavera llegó a la ciudad sureña como marcando un poco de esperanza para el contexto socio político que nos ocupa, empezando a florecer junto con los árboles. Me dispuse a disfrutar el día de trámites y cuando atravesaba la plaza en la limpia mañana de setiembre, una música que salía como de pequeños ángeles de entre las flores me cautivó al extremo de que al verlo a él, este hombre pequeño gigante, me detuve como en la misma inercia armónica de su música, a sentarme en el banco de enfrente del que él disponía las notas que volaban por el aire, entrando como bailarines etéreos en los oídos de la gente, envolviendo sus atormentados pensamientos en un relax tan efímero como bello. Esto no es un invento. Lo he comprobado en la relajada forma de acomodar sus gestos faciales en todos y cada uno de los que pasaron por esa vereda. Aún aquellos que pretendieron ignoran al artista por completo.

Recuerdo hace más de un año las disputas del estado y la gente por el arte callejero manifestándose en reclamo de sus derechos en todo el país. Me detengo en ese pensamiento y me invade una curiosidad por ver las reacciones del pueblo que camina en mi ciudad, cuando Diego Martino, toca el ukelele con una maestría natural y trascendente a la vez.

También me viene a la memoria algunos comentarios que guardé en esos tiempos, movilizada por los reclamos pero sobre todo por los derechos alterados de los artistas callejeros y porque no, de todos los artistas.

“Eso no se puede hacer, quieren que el arte se convierta en una contravención y pueden dejarte cinco días arrestado, volvimos a la dictadura”, se queja Ángel.

“Hay mucha gente que ‘labura’ de esto a diario y puede perder sus materiales de trabajo o abrírsele una causa penal por una denuncia anónima que puede ser inexistente”, dice Romina.

“No se puede imaginar a ninguna nación sin arte callejero porque es el arte real, el verdadero, adonde estamos (los artistas) para sacar a la gente de su vida cotidiana”, afirma Gustavo, y se aferra a su guitarra.

Así se manifestaban por aquel entonces los que reclamaban sobre este sistema que pretendía regulación sin tener bases claras y fundamentaciones contundentes para proteger a los artistas y a los ciudadanos en general ante esta situación.

También recordé algo más reciente y local, cuando hace dos meses atacaron a Daniel Pesoa, el músico que toca todas las mañanas en la clásica esquina bahiense de Alsina y Chiclana.

“Me amenazó de que iba a bajar con un arma y le dije que haga lo que quiera, de última iba a morir cantando”, dijo Pesoa.

Me quedo en silencio, abro un paquete de masitas, y me dispongo a hacer migas para los pájaros en el banco de cemento. Solo eso faltaba para que el cuadro que Diego Martino nos pinta con su música en la Plaza Rivadavia de Bahía Blanca, Provincia de Buenos Aires, Argentina, no sea más que un contacto con la parte más bella de nuestro ser.

Allí luego de colmarme de la fantasía/realidad que me desborda hasta derramarse en la acera, comienzo a observar a cuántos y a quiénes les llega esta armonía que tan delicadamente nos baña como una leve llovizna sobre nuestros cuerpos insertos en el mundanal ruido. Una persona que viene caminando, ya de una distancia no tan cercana, comienza a sonreír, casi bailando con su actitud agradecida al llegar frente al talentoso músico, arroja un billete en el recipiente que tiene para tal fin.

Una pequeña se acerca corriendo y se detiene frente al músico, callada, lo observa, sacude con movimientos armónicos su cabeza llena de rulos, en total silencio, recibe la música con toda la inocencia y sensibilidad de su ser limpio y ávido de recibir la plenitud de la belleza que seguramente su espíritu más profundo aún recuerda de la misma esencia de las cosas.

Su madre se acerca, la deja disfrutar y cuando el tema termina, le da un billete a la niña para que lo coloque en el recipiente, ella lo hace, le sonríe a Diego que como siempre tiene no solo en sus labios una bella expresión, sino también en sus ojos entre pícaros y dulces, que siempre le sonríen a la vida. La madre y la niña se alejan, saludando y alegres siguen su camino.

Me levanto, porque ya es tiempo de irme a seguir mis cosas, ya escuché tres maravillosos temas y voy al encuentro de Diego para saludarlo, para hacerle algunas preguntas a las que muy gentilmente me responde.

“Me llamo Diego Martino, tengo cuarenta y ocho años, toco el ukelele hace cinco años, y lo hago en la calle hace un poco más de tres años, vivo de esto”

Me pregunto hacia dónde quiere ir un artista callejero, y entonces él me comparte sus sueños.

“Me gustaría viajar, conocer lugares y gente nueva. Grabar audios y videos profesionales.”

No siempre ha de ser sencillo este trabajo, y más de una vez tendrán sus vicisitudes que afrontar, Diego me sonríe y con total paz me cuenta:

“He tenido algunos problemas en la calle, como por ejemplo una vez que en un negocio para hacerme ir me ponían la música a alto volumen, o la portera de un edificio que directamente me dijo que me fuera porque allí había abogados trabajando”

“De la Municipalidad me fui porque me cansé de las marchas y protestas. No soporto la violencia y el ruido. El 99% de la gente me ignora. A algunos los conozco desde hace más de tres años y jamás me miraron, entre ellos famosos políticos.”

“He recibido muchas agresiones, burlas e intentos de robo, pero prefiero quedarme con los buenos momentos. No todo es tan duro, y ambos preferimos rescatar unos bellos recuerdos para este momento. También he conocido mucha gente agradable. A una nena (Violeta) que pasaba todos los días al colegio con su abuela y siempre me ponía una moneda, un día le regalé un ukelele.”

“Una vez una niña llamada Paloma, quien se autodenomina mi fan número uno, vino con el padre y me regaló una caja navideña”

Entretanto, algunos transeúntes pasan de largo, observar sus cuerpos tensos, su ocupación con los celulares, las miradas dispersas, el pensamiento errático, la falta de conciencia del tiempo presente, el apuro, la preocupación, los gestos duros, la gran coraza que no deja entrar el arte al menos por un segundo para intentar cambiar sus vidas.

Aun así, con toda esa intención de pasar de largo, el arte se impregna en nosotros, nos moja como el agua. No somos permeables al arte, aunque creamos que es así, aunque pongamos barreras de todas clases, el arte, es la manifestación espiritual del ser, es la forma de plasmar en materia la sutilidad del espíritu que todos tenemos. Es la base más armoniosa de la cultura, es parte de la cultura, es cultura.

Hace un año defendíamos la postura de los artistas callejeros en manifestaciones contra las regulaciones tan impropias que pretendían implementar, no es que no puedan ser regulados, como todas las actividades de la labor del hombre en sociedad, pero hacerlo requiere de un conocimiento muy profundo de la actividad, el sentido, la influencia en el pueblo, las ventajas y las desventajas para este público que se siente afectado en su andar cotidiano.

Hoy calmadas las aguas en ese tema, en estos tiempos de elecciones, sentí que hablar de un artista callejero de mi ciudad, muy simbólico y representativo en la actualidad, es decirle a las políticas de turno y a las que vendrán, qué tan importante es el arte, la cultura, la manifestación del hombre ante la belleza, la injusticia, el sentir propio y del semejante, tomar conciencia del otro y poder acercarse al verdadero valor de todo esto para comprender que si queremos un perfil de país, si queremos un perfil de ciudadano en paz.

Si queremos que la vida en este cono sur del planeta, esperanza natural de tantos, sueño potencial de muchos; este, nuestro lugar en el mundo, tenga la posibilidad de seguir siendo parte, de estar a la altura, de tener identidad, debemos bogar porque siempre se permita la libre manifestación de sus artistas, contadores del otro lado de la historia, de las verdades del otro lado del vidrio, donde cada quien puede decir su sentir, donde los colores unen, no separan, donde la inclusión no hace falta reclamarla porque existe, solo es, naturalmente.

La naturaleza, el hombre, la calle, el artista, la vida misma nos entrega paz a cada paso y muchos de nosotros seguimos queriendo presentar batalla donde ni siquiera existe el conflicto.

Ojala el arte me siga mojando en mi andar por mi querida ciudad bahiense, siga siendo parte de mi pueblo y parafraseando a un gran artista de estas pampas, el recordado y emblemático Alberto Cortez, podamos encontrar gente que como Diego Martino elige darnos el arte en la calle, porque al fin y al cabo, “era callejero por derecho propio”.

SONIA BARRENECHEA ARRIOLA. Escritora, Pintora, Artesana, Ceramista. Mentora Personal. Conferencista. Doctora H.C. en Excelencia Educativa Iberoamericana. Máster en Gestión Educativa Iberoamericana. Declarada Mujer del Año por el Honorable Consejo Deliberante de la Provincia de Buenos Aires

CONTACTO:

Correo: milugarenelmundo@yahoo.com.ar. Whatsapp: +54 291 4190957

FB: Asba Barrenechea Arriola o Asba Autores Independientes

Youtube: ASBA / Instagram: arteasba / Twitter: @arteasba

Referencias: https://www.facebook.com/martinouke/ https://www.lanueva.com/nota/2019-8-20-14-16-0-amenazaron-con-pegarle-y-le-cortaron-los-cables-a-un-artista-callejero-para-que-no-cante

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Anita Frossard

Periodista General, Creadora de contenidos. Comencé con un equipo propio en Radio LU3 con #RedInformativa, pasé por La Red, llevé a cabo #Hd magazine informativo en Fm Ondas y FmPalihue, fui productora, conductora, redactora web e institucional, operadora, etc. Hoy impulso Cuartavenida Web, jugándomela al 100% a la par del equipo maravilloso que conformamos.

5 thoughts on “Callejero por derecho propio

  1. Música para los oídos en medio de tanta realidad urbanística….merecido homenaje al arte callejero y en especial al amigo Diego Martino. Muchas gracias!! Hermoso!

  2. Qué hermoso lo que cuentas de un personaje común en muchas de nuestras ciudades, son un gran número de ellos que nos quitan un momento de nuestras vidas para regalarnos su música, sus pinturas, etc. Excelente.

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